La Sociedad de los Poetas de la Noche: Capítulo “A” 1era parte.

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-Hola. Me mandaron a tomar notas.

-Ya se. Pero ante todo, buenas noches –dice la anciana. Yo soy “la escriba“.

-Buenas noches. ¿Y…qué escribió usted?- la niña del mechón blanco pregunta sin pudor, pero con inusual respeto.

 -Yo no escribí mucho. Transcribo para la biblioteca, pero los de allá insisten en llamarme escriba. Escriba de acá, escriba de allá. Últimamente me la paso leyendo y descatalogando.

La escriba, guardiana de la biblioteca.

La saltamentes se acomoda los lentecitos, mira alrededor. Ni un libro, ni una mesa, ni una lámpara, solo el antiguo farol que lleva la mujer entre sus garfios de piel y hueso.

 -¿De cual biblioteca me habla, señora? No veo libros…

 -Estamos en una habitación de tránsito. Seguime.

 Pasan a través de un pasaje formado por arcos góticos que, allá en las alturas del techo invisible, se transforman en sombra. Llegan hasta una habitación en penumbras, sellada, de muros altos, sáxeos y sin ventanas. En algunas esquinas, ahí donde la piedra se ha desprendido, asoman superficies metálicas. En medio de la estancia se eleva un simple púlpito de madera, y sobre éste, la vitrina. Dentro de ella, descansa el libro.

CONTINÚA PRÓXIMAMENTE…

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