La Sociedad de los Poetas de la Noche: Capítulo “A” 4ta Parte

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Elsa leyendo "La Sociedad de los Poetas de la Noche"

Por primera vez, la exploradora queda a solas con el silencio de la estancia. Es la señal para comenzar su trabajo. Así como en los días de invierno de sus primeros años, cuando pasaba horas encerrada en el estudio de su padre, copiando bellos ejemplares que otros exploradores traían de lugares lejanos; ahora, también se sienta en canastita sobre la alfombra, pone cerca la lámpara. De un bolsillo oculto en el hábito hace aparecer una botellita negra, chata y con tapón de corcho. La deja en el piso entre el anotador y la pluma. Luego, retira el libro del púlpito, lo posa en su regazo y emulando la delicadeza de un arqueólogo experto, se abre paso hacia la primera página amarillenta (no puede negar que hay un aura vibrante; respira profundo para no desvanecerse) y lee:

“A lo largo de los siglos hemos visto desvirtuarse la belleza de la noche.

Soportamos ver a la luz burlarse de la sombra.

 Un día sin noche no es más que medio día…

Por tanto, en el ocaso renegamos de llorar por el sol.

Entre muchos, hemos creado este libro alumbrados por el halo de la luna, bajo el reflejo de soles lejanos…”

CONTINÚA PRÓXIMAMENTE…

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