La Sociedad de los Poetas de la Noche, Capítulo “B”, Notas de campo 7ma. Parte

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La sociedad de los poetas de la noche - CAPITULO B-7ma parte-Notas de campo

-¡La carroza que llevaba el libro muer…! –automáticamente, Elsa retiene las palabras y piensa en la devastadora lógica.

La escriba mira la oscuridad con amargura y dice:

-Entonces es cierto… lo que intuyo…, es cierto que mi biblioteca se extingue…, es verdad que yo… con ella…, y vos… acá…

Elsa no duda un instante, vuelve a sentarse y evita recuerdos inútiles. La magia en el libro no se extrae sola, su pluma debe moverse y adelantarse. No sabe en que momento, otra carroza  reclamará aquellos pedazos de memoria donde ahora se encuentran.

 Afuera debe ser un caos – piensa la niña– y  a la escriba, la están perdiendo...

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La Sociedad de los Poetas de la Noche, Capítulo “B”, Notas de campo 6ta. Parte

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La sociedad de los poetas de la noche - CAPITULO B-6ta parte-Notas de campo

Con cautela, rodeada por un aura de inseguridad sobrenatural, la pequeña saltamentes se acerca más a la cabina. En puntas de pie, pero sin atreverse a tocar la carroza, mira hacia el interior. Lo que ve le llena de espanto, la retrotrae automáticamente.

-¿Es hora… de empezar a copiar más rápido…, mi querida Elsa?- pregunta la Escriba, desde atrás.

-Sí, sí, es hora- responde. Lo que los ojos le han mostrado a la mente le apaga un poco la voz. Camina hacia atrás, se aleja de la carroza fúnebre y ésta reanuda su recorrido, atraviesa la sala y desaparece por el túnel en el otro extremo.

-Se fue…

-¿Qué cosa? -inquiere la anciana con sincero desconcierto.

-¡La carroza!

-¿…carroza?

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La Sociedad de los Poetas de la Noche, Capítulo “B”, Notas de campo 5ta. Parte

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La sociedad de los poetas de la noche - CAPITULO B-5ta parte-Notas de campo

Pasan eternos segundos de silencio, cuando de pronto, Elsa deja de preguntar. De las fauces del túnel de arcos en punta, surge un murmullo que gradualmente aumenta de volumen.

Las dos bestias negro-azuladas irrumpen en la sala relinchando, arrastran algo que todavía no llega a verse. La negrura del pasillo rehúsa a desprenderse, por unos instantes los apadrina.

Elsa observa boquiabierta, absorta, no se ha dado cuenta aún que la escriba, con su mirada tranquila, da por sentada la naturaleza de la visión y no se espanta cuando la antigua carroza funeraria sale desde las fauces del pasillo con pomposidad siniestra.

Es un modelo cuya cúpula asemeja a una enorme araña, tirada por animales sombríos. Crujen las rocas del piso bajo el peso de sus ruedas de hierro. Sin cochero, solo maderos, metal, tiras y corceles.

Elsa se pone de pie. Temblando, se acerca a la mole arácnida para ver de cerca su procesión. Huele a flores podridas, a dulzor marchito, a humedades exóticas; la buscadora no puede resistirse a la curiosidad de examinar tremenda aparición. Deja detrás a una escriba resignada. Ahora, debe saber, saber lo que transporta la carroza.

¿A quién, a qué, por qué?

¡Clap clap clap…..! El eco de los cascos se detiene. Ya no avanzan…

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