Cuento: “Los niños de abajo” (parte uno) (M.Chiaverano)

 

Cuento: "Los niños de abajo" (M.Chiaverano)

“Los niños de abajo”, cuento publicado por primera vez en la revista Axxón Ciencia ficción, el 6 de mayo de 2010.

Tropezó con varias rocas, pero al fin pudo asir a su hermana que se columpiaba peligrosamente en el precipicio, más profundo que el mismísimo infierno. Sus manos le dolían horrores, pudo ver cómo la sangre empapaba su chaqueta.

La niña, de un parecido impresionante con él, era débil y pequeña. El esfuerzo la destruía y no tenía idea de cuánto podría seguir adelante. El niño, que llevaba la delantera, escudriñó las tinieblas y procuró avanzar por los sitios menos peligrosos de la cavernosa estructura, siempre hacia arriba, a la esperanza, a la salida, la superficie.

Ninguno de los dos contaba a esas alturas con demasiada convicción de llegar y mucho menos de encontrar la salvación en aquel mundo que no conocían.

Por mucho tiempo se preguntaron si realmente existía, si no se trataba de un simple cuento de sus antepasados para que los niños se asustaran en las frías y solitarias noches. Sí, puede que fueran sólo historias. Eso no interesaba a Nomué y Ninfania, su tierra ya no era parte de esta realidad, huir a otro lugar era lo único que podían hacer.

Nomué descansó unos minutos sobre una saliente pronunciada, ella se acurrucó a su lado, buscó protección en su único hermano, su última conexión con el pueblo extinto.

Él se durmió y soñó con lo que poco tiempo atrás era su hogar. Abajo, tan hermoso, tan viejo, tan lleno de vida. Abajo…tan muerto ahora… Imágenes atroces lo visitaron, sus padres aplastados por bloques de piedra, sus amigos calcinados por la lava ardiente que recorría las calles de la aldea convirtiendo todo en un infernal río de fuego.

Despertó. Ninfania permanecía recostada y dormitando en su regazo.

¿Qué tanto podría subir?, se preguntaba incesantemente. Intentó convencerse de que llegarían a estar a salvo. Le intimidaba la idea que sus abuelos le habían dado acerca de Arriba, ellos hablaron de criaturas extrañas y grotescas deambulando por doquier, matándose entre ellas, asesinando a sus hijos y hermanos.

¿Acaso era mejor morir allá arriba que junto a su pueblo? Nomué dio gracias a que su hermana no había escuchado todas las leyendas.

Reanudaron la penosa travesía en la oscuridad a pasos lentos y seguros, la zona no era estable, ni siquiera los exploradores de Abajo con más experiencia que ellos se atrevían a subir a esos pasajes indómitos.

 Adelante no existía más que roca. Millones de dientes que, extendiéndose a través de todo el conducto, lo convertían en un mar cavernoso de afiladas cuchillas. Nomué tenía entendido que un simple roce con aquellas formaciones abriría una herida fea. Se propuso guiar a su hermana por un costado abierto, menos empinado aunque no menos peligroso.

 Tras subir unos metros, Ninfania tropezó con una de estas peligrosas salientes. La mano fuerte de Nomué no consiguió sostenerla. Rodaron los dos juntos contra una de las paredes de la galería.

Sigue: “Los niños de abajo” (Parte dos)

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