Cuento: “Los niños de abajo” (parte dos) (M.Chiaverano)

Cuento: "Los niños de abajo" (parte dos)

Él se golpeó la cabeza y una de las cuchillas se clavó en su brazo izquierdo traspasándole la carne. Aulló de dolor. La niña se revolcó contra su hermano. Amortiguada por el cuerpo de Nomué, salió ilesa del accidente. Lloriqueó y abrazó a Nomué, a pesar de que el vestido se teñía con la sangre que fluía a borbotones del brazo abierto del chico.

—¡Ayúdame! —pidió, susurrante— ¡Sácame de ésta cosa!

 La chiquita se refregó sus ojos y tomándole la mano, quitó la esquirla que lo atravesaba de lado a lado.

 El dolor era insoportable y punzante, Nomué jamás había sentido tal desesperación en su corta vida. Sea como fuere, salvaguardar a Ninfania era su prioridad máxima, por más que pereciese en el intento.

—¿Puedes seguir, Nomué?

 —Faltaba más… camina adelante, yo te sigo, trata de evitar las estalagmitas —le dijo con voz casi imperceptible.

 Después de trescientos metros, Nomué cayó tendido en el piso sobre su propio lago de sangre. No tenía caso continuar, agonizaba.

 —Nina… por favor, sigue, después te alcanzo —le pidió.

 Ninfania no pudo contener el llanto y se acostó a su lado rodeándolo con los brazos; en cierta forma, se sentía culpable.

 —No, no, no es tu culpa, Nina —le dijo, leyendo sus pensamientos—. Eres lo único que queda de nuestra gente, ¡ve y sube!

 Al terminar de decir estas palabras, se durmió para siempre, dejando a la niña totalmente sola, en camino a un universo legendario, desconocido y tal vez imaginario.

 Por una hora larga derramó mil lágrimas sobre el cadáver de Nomué.

Apretando sus labios continuó la escalada interminable que comenzara allá, en las puertas olvidadas de la destruida aldea de Abajo, donde toda su vida había transcurrido pacífica y llena de acontecimientos felices, rodeada de sus seres más queridos.

 ¿Se moriría también? ¿Podría llegar arriba? Como respuesta a sus interrogantes, una diminuta luz enrarecida se coló por entre lejanas grietas, pocos metros encima de ella.

Corrió al encuentro del otro lado, al exterior, a la superficie nunca vista.

Una brisa limpia hizo contacto con su rostro pálido y Ninfania tuvo la seguridad de que llegaba el fin del camino, lo que su hermano buscaba. Su hermanito… y arriba tan cerca. Volvió a entristecerse, esta vez no se detuvo.

Sigue: “Los niños de abajo” (Parte 3)

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