La Sociedad de los Poetas de la Noche, Capítulo “B”, Notas de campo 4ta. Parte

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La sociedad de los poetas de la noche: CAPITULO B - Notas de campo 4ta parte

Otra vez, siente brisas de la presencia, la que se anuncia con soplos helados desde lo profundo de la biblioteca.

Se agita la llama del farol, pese a que la recubre una caja de vidrio y metal. Elsa mira el baile del fuego, luego levanta la vista hacia los túneles sin fondo y espera que de aquellas gargantas aparezca la escriba… ¿quién más sino?

Un bip-bip-bip, la distrae. Se lleva la mano a la cabeza, y desliza hasta su oído izquierdo una finísima prolongación metálica.

-¿Sí?

Del auricular se escucha una voz entrecortada, inundada de estática. Con esfuerzo, Elsa interpreta el mensaje:

Elsa, tratá de apurarte, no vamos a poder aguantar el sistema mucho más…¡tenemos una situación acá afuera!

-¿Por eso hace tanto frío? ¿…me escuchan?

Pero la transmisión muere ahí. No hay respuesta. El sonido que deja la voz, una especie de fritura, confirma las sospechas. Ese repentino frío que siente, tiene ahora un sentido más concreto: La entidad debe estar avanzando allá afuera…y afecta a la biblioteca, y a TODO lo que contiene,,.

-¡No tengo tiempo, libro, necesito un acceso directo!…- grita entre sus labios temblorosos, con voz tiritante. Sus manos están firmes. Abre el tomo de nuevo, en un lugar al azar, esta vez lee el pasaje en voz alta mientras lo transcribe:

La sociedad de los poetas de la noche, Capítulo "B", notas de campo, 4ta parte

Algo cambia. Algo es distinto. Al punto final del pasaje leído del LSPN, le precede una variación ambiental definitivamente paranormal. Un exquisito baño de antifrío.

¿Ya no tiemblo…? Ya no…-piensa Elsa, saboreando el primer gran descubrimiento.

-…¿Y? ¿Encontraste algo?- Pregunta la anciana desde atrás, con una sonrisa que convierte su rostro en un fuelle de piel. Elsa se vuelve y le clava la vista. La escriba aun no es un fantasma, pero casi la mata del susto.

-¿Estamos haciendo magia, señora?

-Estamos,… pequeña. Algunas cosas… no deben… ser calladas, Elsa. Algunas palabras… se vuelven… buen calor, otras… agitan la tormenta -dice la anciana, hablando entre ahogos. Sonríe y asiente, no obstante mantiene una poco disimulada atención sobre los pasillos apagados de más allá. En su mirada, la buscadora encuentra vetas de tristeza, sobrante de valor, y delirantes vestigios de un horror al que no puede encontrarle nombre.

-No me molesta si me cuenta de lo que hay allá, en esos túneles desiluminados…-dice la saltamentes.

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La Sociedad de los Poetas de la Noche: Capítulo “A” 4ta Parte

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Elsa leyendo "La Sociedad de los Poetas de la Noche"

Por primera vez, la exploradora queda a solas con el silencio de la estancia. Es la señal para comenzar su trabajo. Así como en los días de invierno de sus primeros años, cuando pasaba horas encerrada en el estudio de su padre, copiando bellos ejemplares que otros exploradores traían de lugares lejanos; ahora, también se sienta en canastita sobre la alfombra, pone cerca la lámpara. De un bolsillo oculto en el hábito hace aparecer una botellita negra, chata y con tapón de corcho. La deja en el piso entre el anotador y la pluma. Luego, retira el libro del púlpito, lo posa en su regazo y emulando la delicadeza de un arqueólogo experto, se abre paso hacia la primera página amarillenta (no puede negar que hay un aura vibrante; respira profundo para no desvanecerse) y lee:

“A lo largo de los siglos hemos visto desvirtuarse la belleza de la noche.

Soportamos ver a la luz burlarse de la sombra.

 Un día sin noche no es más que medio día…

Por tanto, en el ocaso renegamos de llorar por el sol.

Entre muchos, hemos creado este libro alumbrados por el halo de la luna, bajo el reflejo de soles lejanos…”

CONTINÚA PRÓXIMAMENTE…

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