La Sociedad de los Poetas de la Noche, Capítulo “B”, Notas de campo 6ta. Parte

<Leer la entrada anterior                                           Leer la entrada siguiente>

La sociedad de los poetas de la noche - CAPITULO B-6ta parte-Notas de campo

Con cautela, rodeada por un aura de inseguridad sobrenatural, la pequeña saltamentes se acerca más a la cabina. En puntas de pie, pero sin atreverse a tocar la carroza, mira hacia el interior. Lo que ve le llena de espanto, la retrotrae automáticamente.

-¿Es hora… de empezar a copiar más rápido…, mi querida Elsa?- pregunta la Escriba, desde atrás.

-Sí, sí, es hora- responde. Lo que los ojos le han mostrado a la mente le apaga un poco la voz. Camina hacia atrás, se aleja de la carroza fúnebre y ésta reanuda su recorrido, atraviesa la sala y desaparece por el túnel en el otro extremo.

-Se fue…

-¿Qué cosa? -inquiere la anciana con sincero desconcierto.

-¡La carroza!

-¿…carroza?

CONTINÚA PRÓXIMAMENTE…

LEER ENTREGAS ANTERIORES

Anuncios

La Sociedad de los Poetas de la Noche, Capítulo “B”, Notas de campo 5ta. Parte

<Leer la entrada anterior                                           Leer la entrada siguiente>

La sociedad de los poetas de la noche - CAPITULO B-5ta parte-Notas de campo

Pasan eternos segundos de silencio, cuando de pronto, Elsa deja de preguntar. De las fauces del túnel de arcos en punta, surge un murmullo que gradualmente aumenta de volumen.

Las dos bestias negro-azuladas irrumpen en la sala relinchando, arrastran algo que todavía no llega a verse. La negrura del pasillo rehúsa a desprenderse, por unos instantes los apadrina.

Elsa observa boquiabierta, absorta, no se ha dado cuenta aún que la escriba, con su mirada tranquila, da por sentada la naturaleza de la visión y no se espanta cuando la antigua carroza funeraria sale desde las fauces del pasillo con pomposidad siniestra.

Es un modelo cuya cúpula asemeja a una enorme araña, tirada por animales sombríos. Crujen las rocas del piso bajo el peso de sus ruedas de hierro. Sin cochero, solo maderos, metal, tiras y corceles.

Elsa se pone de pie. Temblando, se acerca a la mole arácnida para ver de cerca su procesión. Huele a flores podridas, a dulzor marchito, a humedades exóticas; la buscadora no puede resistirse a la curiosidad de examinar tremenda aparición. Deja detrás a una escriba resignada. Ahora, debe saber, saber lo que transporta la carroza.

¿A quién, a qué, por qué?

¡Clap clap clap…..! El eco de los cascos se detiene. Ya no avanzan…

CONTINÚA PRÓXIMAMENTE…

LEER ENTREGAS ANTERIORES

La Sociedad de los Poetas de la Noche, Capítulo “B”, Notas de campo 4ta. Parte

<Leer la entrada anterior                                           Leer la entrada siguiente>

La sociedad de los poetas de la noche: CAPITULO B - Notas de campo 4ta parte

Otra vez, siente brisas de la presencia, la que se anuncia con soplos helados desde lo profundo de la biblioteca.

Se agita la llama del farol, pese a que la recubre una caja de vidrio y metal. Elsa mira el baile del fuego, luego levanta la vista hacia los túneles sin fondo y espera que de aquellas gargantas aparezca la escriba… ¿quién más sino?

Un bip-bip-bip, la distrae. Se lleva la mano a la cabeza, y desliza hasta su oído izquierdo una finísima prolongación metálica.

-¿Sí?

Del auricular se escucha una voz entrecortada, inundada de estática. Con esfuerzo, Elsa interpreta el mensaje:

Elsa, tratá de apurarte, no vamos a poder aguantar el sistema mucho más…¡tenemos una situación acá afuera!

-¿Por eso hace tanto frío? ¿…me escuchan?

Pero la transmisión muere ahí. No hay respuesta. El sonido que deja la voz, una especie de fritura, confirma las sospechas. Ese repentino frío que siente, tiene ahora un sentido más concreto: La entidad debe estar avanzando allá afuera…y afecta a la biblioteca, y a TODO lo que contiene,,.

-¡No tengo tiempo, libro, necesito un acceso directo!…- grita entre sus labios temblorosos, con voz tiritante. Sus manos están firmes. Abre el tomo de nuevo, en un lugar al azar, esta vez lee el pasaje en voz alta mientras lo transcribe:

La sociedad de los poetas de la noche, Capítulo "B", notas de campo, 4ta parte

Algo cambia. Algo es distinto. Al punto final del pasaje leído del LSPN, le precede una variación ambiental definitivamente paranormal. Un exquisito baño de antifrío.

¿Ya no tiemblo…? Ya no…-piensa Elsa, saboreando el primer gran descubrimiento.

-…¿Y? ¿Encontraste algo?- Pregunta la anciana desde atrás, con una sonrisa que convierte su rostro en un fuelle de piel. Elsa se vuelve y le clava la vista. La escriba aun no es un fantasma, pero casi la mata del susto.

-¿Estamos haciendo magia, señora?

-Estamos,… pequeña. Algunas cosas… no deben… ser calladas, Elsa. Algunas palabras… se vuelven… buen calor, otras… agitan la tormenta -dice la anciana, hablando entre ahogos. Sonríe y asiente, no obstante mantiene una poco disimulada atención sobre los pasillos apagados de más allá. En su mirada, la buscadora encuentra vetas de tristeza, sobrante de valor, y delirantes vestigios de un horror al que no puede encontrarle nombre.

-No me molesta si me cuenta de lo que hay allá, en esos túneles desiluminados…-dice la saltamentes.

CONTINÚA PRÓXIMAMENTE…

LEER ENTREGAS ANTERIORES