Legado Hereje volumen 2 ¡en producción!

  La continuación de la saga “Legado Hereje”, que comenzó en el 2007 con “Anatema Carmesí” , ya se encuentra en plena producción. Posiblemente vea la luz este mismo año y en formato ebook. Más adelante conoceremos algunos aspectos de ésta nueva entrega…

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“Poe” -Cuento- M. Chiaverano

Cuento "Poe" de M.Chiaverano

Pequeño Homenaje al E.A. Poe

  Le aterró ver que aquella criatura se metía debajo de su cama. No la pudo parar. Lo asaltó una impasible e imparable sucesión de asociaciones que iban desde el nombre con el que había bautizado al gato, hasta los cuentos acerca de algún tatarabuelo moribundo acompañado por su mascota oculta bajo el catre desvencijado. Incluso recordó diálogos y personajes que sus familiares más longevos reproducían en noches de tormenta. Algo así como:

-¡Que se ha metido desde ayer, y no quiere salir! Pobre gatito, lo está cuidando al Edgardo -dijo la vieja. Lleva dos días ahí. Le ofrecí comida desde la cocina, pero no vino. Le lleve un platito con leche, pero no la tomó… es como si se quisiera morir con su amo…

 

-¡Sshh cruz diablo! no digas eso que atraés desgracias –dijo la hija.

 

-Si hasta podría decirse que el pobre animal lo está velando…

  La vieja enterró al moribundo un día después de haber dejado sin dormir a su hija con todas aquellas suposiciones.

  Y del gato, nunca más se supo nada. Fin de la historia.

  Era suficientemente inquietante para él aquel cuento de fieles celadores que maúllan, y le revolvía las tripas saber que un ser venerado por antiguas culturas, ancianas en sabiduría y atiborradas de enigmas sin resolver, estuviera oculto bajo su lecho.

-¡Poe! -le llamó por su nombre. Pero había pasado poco, demasiado poco para que se hubiera acostumbrado a un nombre humano.

-¡Poe! -insistió él.

  Con la tenue luz de una vieja lámpara de kerosene, una luciérnaga exigida en sus últimos minutos, vio entre sombras, otras sombras. En la habitación ahogaba el silencio y podía escuchar la respiración del felino. Alumbró entre el colchón deshilachado y el piso: dos ojos brillantes le devolvieron la mirada.

 -¡Poe! Salí o…-dijo, ya más alterado. ¿O qué? No quiso meterse bajo la cama, quién sabe cómo reaccionaría el gato acorralado. Tampoco quería asustarlo más, metiendo una escoba.

 “Necesito ganarme su confianza. Solito va a salir. Me acuesto y que salga cuando se le dé la gana.”    

   Sin más demora, dejó la lámpara sobre la cómoda y se fue a lavar los dientes. Al volver al dormitorio, el gato seguía ahí.

-Parece que te vas a quedar toda la noche ahí abajo. Como quieras…

  Dicho esto, se descambió, se metió entre las frazadas y estiró la mano para cerrar la válvula de la lámpara. Después de eso pasó un largo rato hasta que el sueño se lo llevó. En ese tiempo se perdió en recuerdos de historias de gatos nefastos.

  Poe esperó hasta que su captor estuviera bien dormido para salir. Con el sigilo propio de su especie, saltó a la cama. Era una pluma negra, un soplo de noche sobre la noche. Se acercó a la cabeza del hombre sin pisar ninguna parte de su cuerpo. Podía arrebatarle lo que quisiera, pero no. Sólo lo observó en silencio un largo tiempo y acto seguido alcanzó la ventana abierta con un mínimo impulso. Poe, con seis de sus vidas intactas, decidió que era innecesario sacarle el alma al durmiente.

  Poe era joven y aquella noche, fue justo.

FIN

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“Detrás de la lluvia” -Cuento- M.Chiaverano

cabecera detrás de la lluvia

Detrás de él se abrió un postigo salvaje. Desde afuera, a través de la ventana violada, llegaron los aplausos. El agua cayó sobre la casa a latigazos. Explotó el cielo, atacaron los vientos con sonidos retorcidos. Parpadearon los nimbos oscuros que cubrían la ciudad. Se acercó el caos meteorológico. Mientras tanto, él intentaba escribir.

 El perro del vecino ladró. Lo hizo sistemáticamente, como para trepanarle los sesos con una tortura sónica chino-perruna.

¿A quién mierda le ladra ese hijo de perra, con este clima? –pensó.

 Ondularon hacia adentro las capas blancas de la ventana, lo invisible embistió para entrar. Una y otra vez, a ritmo sibilante, con insistente voluntad. Algo se movió detrás de la tormenta, detrás del ladrido. Algo silbante más duro que el aire, se arrastró. Él, lo escuchó y se cristalizó en el teclado. Su mirada le titiló al ritmo del cursor de la página en blanco del monitor. Sin darse vuelta, destapó su oído para superar los ruidos.  En el fondo sabía… sabía que algo venía con la lluvia. Algo cómplice de la muerte de la propia casa, algo atraído por la sequía de adentro.

Parpadeó la lámpara otra vez.

 Él pensó en las velas (de bajo costo y medianas) guardadas en la alacena. Se despegó del asiento para ir a buscarlas. Pero se detuvo a medio camino.

El perro dejó de ladrar.

El perro gimió.

El perro dejó de gemir.

 

 Él se acercó al hueco que lo separaba del patio. Corrió las cortinas de un manotazo. En ese momento se fue la luz.

 

FIN

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