Presentación: “La Última Catedral”, Junio 2012

Presentación: "La última Catedral", de Max. Chiaverano © 2012

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La Sociedad de los Poetas de la Noche: Capítulo “B”, 1era parte: Notas de campo

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La Sociedad de los Poetas de la Noche: Capítulo "B", Notas de Campo

Elsa sigue leyendo y anotando pasajes del extraño libro llamado “La Sociedad de los Poetas de la Noche”…

La Sociedad de los Poetas de la Noche, Nota 2

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La Sociedad de los Poetas de la Noche: Capítulo “A”, Parte 7 (Fin de cap.)

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Tal parece que la magia de los libros está menguando su poder -piensa ella-. O… Tal vez el soporte esté sucumbiendo… Tengo que apurarme...

Ella pasa la página, y sigue leyendo:

“Advertencia: No leer de corrido.”

La exploradora respeta la exhortación, abre el libro en cualquier parte y examina los párrafos. De a ratos, cuando siente comezón en el punto de anclaje perceptual, toma notas en su block. Las que siguen, son sus notas.

Anotaciones de Elsa, la saltamentes. LSPN

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La Sociedad de los Poetas de la Noche: Capítulo “A”, 6ta Parte

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Lo que sigue despierto tiene voz, alma, y escribe.

Perseguimos la resiliencia del nigromante. El poder de la metáfora.

Tenlo por seguro, las plumas serán espadas que se ungirán con tinta.

Nosotros somos La Sociedad de los poetas de la noche, y así escribimos.

Elsa deja de leer y roza las páginas con la palma. Son rugosas, y en algunos sitios, la tinta, que no debería haberse inmutado, manifiesta una inusual debilidad.

Tal parece que la magia de los libros está menguando su poder -piensa ella-. O… Tal vez el soporte esté sucumbiendo… Tengo que apurarme...

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La Sociedad de los Poetas de la Noche: Capítulo “A”, 5ta Parte

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Elsa sigue leyendo:

Escribimos para y por aquellos que buscan la misteriosa esencia antepuesta del alba. Para mostrar a los diurnos, lo oculto detrás de la tarde. Para que se luzcan ciertas luces, aún después que en el bioreloj pasen las doce.

 Aquellos que despiertos están, bien saben que el mundo de observar no nos deja. Aunque se vele la bola de fuego, las horas corren con su propia melodía de ritmos cambiantes: dolor arcano y amargo, extraños jolgorios, rarezas bizarras.

 Intentamos con nuestros medios,  pluma en mano como arma de corte, tajear los misterios de la tela de lo tenebroso. Por gusto, por saber a qué sabe la divina locura de la tierra nocturna.

Nuestras premisas: interpretar relieves del otro lado de Circadia, cruzar algunas fronteras del sueño, llegar a los rincones de la vigilia.

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La Sociedad de los Poetas de la Noche: Capítulo “A” 4ta Parte

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Elsa leyendo "La Sociedad de los Poetas de la Noche"

Por primera vez, la exploradora queda a solas con el silencio de la estancia. Es la señal para comenzar su trabajo. Así como en los días de invierno de sus primeros años, cuando pasaba horas encerrada en el estudio de su padre, copiando bellos ejemplares que otros exploradores traían de lugares lejanos; ahora, también se sienta en canastita sobre la alfombra, pone cerca la lámpara. De un bolsillo oculto en el hábito hace aparecer una botellita negra, chata y con tapón de corcho. La deja en el piso entre el anotador y la pluma. Luego, retira el libro del púlpito, lo posa en su regazo y emulando la delicadeza de un arqueólogo experto, se abre paso hacia la primera página amarillenta (no puede negar que hay un aura vibrante; respira profundo para no desvanecerse) y lee:

“A lo largo de los siglos hemos visto desvirtuarse la belleza de la noche.

Soportamos ver a la luz burlarse de la sombra.

 Un día sin noche no es más que medio día…

Por tanto, en el ocaso renegamos de llorar por el sol.

Entre muchos, hemos creado este libro alumbrados por el halo de la luna, bajo el reflejo de soles lejanos…”

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